RELACIONES ENTRE CONTROL SOCIAL Y ESTRATEGIA REPRESIVA
      Estudio histórico y actual del proceso en Euskal Herria


      8.- CAUSAS Y EFECTOS ESTRUCTURALES DEL CAMBIO REPRESIVO:

      Desde la perspectiva arriba expuesta, está claro que las razones sustantivas del fracaso de la tercera subfase son más profundas que la muy apreciable demostración política de la izquierda abertzale y de otras fuerzas nacionalistas y democráticas. Surgen, muy en síntesis, de la conciencia identitaria que ha ido profundizando y ampliando sus raíces en la medida en que las agresiones exteriores y las contradicciones sociales interiores obligaban al pueblo trabajador, por simple supervivencia, a enriquecer e intensificar su conciencia nacional euskaldun. No es este ni sitio ni momento para resumir muy sucintamente la vital dialéctica entre la práctica de autodefensa y memoria militar de un lado y conciencia nacional e identidad histórica, por otro. Las fuerzas colectivas puestas en marcha por esa dialéctica se muestran especialmente creativas en las estrategias de construcción nacional de un pueblo, y las fuerzas re-creativas que renacen al calor de esa dialéctica también se muestran en las dinámicas de reconstrucción de la identidad perdida. De este modo, debemos aceptar la vigencia de un proceso de construcción-reconstrucción inherente a la dialéctica de lo viejo, lo permanente y lo nuevo en la evolución de la identidad nacional. Precisamente por esto, tiene tanta importancia el contenido violento y bélico del sistema represivo ocupante y, al contrario, tanta o más importancia la memoria militar y las prácticas de autodefensa del pueblo ocupado.

      Las causas que forzaron el cambio represivo introducido desde verano de 1999 no responden tanto a la derrota del anterior por el Acuerdo de Lizarra-Garazi, como al desbordamiento de los diques de contención que sucesivamente levantaba el Estado para frenar y hacer retroceder la construcción nacional vasca. Sin poder retroceder ahora hasta encontrar los diversos momentos en los que comenzaron a tomar cuerpo las facetas más importantes de nuestra construcción nacional, hay que decir que para mediados de la década de 1990 era ya totalmente perceptible que esas diversas facetas confluían en un proyecto común básico y democrático. Podemos decir que la exposición de la Alternativa Democrática de ETA en abril de 1995 representa el momento crucial de ese proceso. Significativamente, para entonces era ya claro que el PSOE avanzaba aspectos esenciales de lo que sería el sistema represivo del PP. La irrupción de la Ertzaintza en EGIN y de la Guardia Civil en la sede donostiarra de LAB, y los ataques a otras organizaciones abertzales, son más que ejemplos, son anuncios de lo que haría el PP, aunque incluso con anterioridad, intelectuales cercanos al PSOE venían multiplicando sus ataques racistas al complejo lingüístico-cultural euskaldun y a su identidad histórica desde finales de la década de 1980, adelantando la nueva inquisición políticocultural antivasca que el Estado ha encargado a organismos paraestatales como el Foro de Ermua, Basta Ya, y otros más. Este breve repaso nos muestra el antagonismo entre, por un lado, autodefensa y memoria militar y por otro, el sistema represivo y su evolución.

      Si analizamos la lógica subyacente a este ataque apreciamos, pese a sus cambios, un hilo azul --azul añil de camisa vieja falangista-- conductor que recorre internamente a cinco objetivos muy precisos como son, uno, suprimir cualquier referencia a la historia y memoria militar euskaldun; dos, acabar con uno de los instrumentos más importantes de la capacidad de comunicación-concienciación de la izquierda abertzale, como eran entonces EGIN y EGIN Irratia; tres, acabar con sus organizaciones que directamente le entroncan con el pueblo trabajador; cuatro, extender el imperialismo lingüístico-cultural español y reforzar el desprecio racista hacia todo lo vasco y, cinco, acelerar la movilización "espontanea" de fuerzas político-culturales españolas tanto en la calle como en centros de poder vitales como el orden educativo, la manipulación propagandística, el corporativismo intelectual, los funcionarios estatales, etc. El hilo azul que recorre los cinco objetivos, es el del ataque en profundidad a los mecanismos de creación-recreación de la identidad vasca en cuanto producto de la dialéctica anteriormente expuesta entre la autodefensa y la identidad, y el de la reactivación de la presencia del Estado ocupante como pieza vital en el mantenimiento de la identidad española en Hegoalde. No son dos hilos diferentes, sino un único que asume el objetivo único de lanzar al abismo a la identidad vasca para que la identidad española ocupe definitivamente el espacio simbólico-material que la identidad vasca ha tenido que abandonar en su desaparición práctica. Y no es un hilo que actúe sólo en el tercio vascongado de la CAV, sino que también lo hace en Nafarroa y en Iparralde bajo el ataque francés. Lo que hizo el PSOE fue lanzar los primeros golpes abriendo las líneas de avance de la contraofensiva general que más adelante intentaría culminar el PP.

      Y es que una de las razones por las que los poderes fácticos españoles presionaban para cambiar al PSOE por el PP era, entre otras varias, también la de poder destruir lo que el mismo PSOE había tolerado en Vascongadas y Nafarroa en lo relacionado a la educación en euskara, a los libros de texto sobre la historia vasca, a la presencia del euskara en las instituciones, a las "ayudas" oficiales a la cultura vasca, etc. Una idea de la ferocidad antieuskaldun del actual sistema represivo nos la ofrece el hecho de que el Estado, por un lado, no aguanta ya ni lo que él mismo toleró cuando gobernaba el PSOE y, por otro lado y por tanto, para desmantelar incluso eso, sabía que el PSOE tendría más dificultades de todo tipo que el PP, furibundamente deseoso de hacerlo. La razón por la que el Estado, que no sólo el PSOE, cambió de opinión en esos años sobre su propio sistema represivo en esta cuestión no es otra que la constatación aplastante de que la identidad vasca crecía y decrecía la española. No podemos exponer ahora los datos que demostraban esta tendencia, ya estudiados en su momento, pero sí debemos recordar que ya entonces la prensa española y regionalista reflejaba una honda inquietud por su ascenso.

      La esencia del cambio de sistema represivo que entonces empezó a realizar el Estado, y cuya aplicación práctica encargó al PP, radica en que, hasta esa fecha, todos los sistemas habían intentado debilitar la creación-recreación de la identidad vasca, e incluso, intentado absorberla como parte exótica y folclórica en la cultura española ocupante, pero ninguno de ellos, desde el franquismo, se había lanzado con todos los recursos destructores contra ella, como se hizo desde verano de 1999. A mitad de la década de 1980 la alarma estaba cundiendo en el Estado y de ahí que a los pocos años se iniciara ese ataque en algunas facetas culturales e intelectuales. Luego, conforme la alarma devino pánico, se concluía el diseño del sistema represivo cualitativamente nuevo con respecto a lo anterior, proceso culminado en una parte muy importante pero no el meollo esencial, no su totalidad, a mediados de la década de 1990, precisamente cuando era ya manifiesta la dinámica de construcción nacional. Hemos dicho una parte "muy importante pero no el meollo esencial" porque lo que define al actual sistema represivo es el reconocer pública y taxativamente que quiere "reespañolizar" la parte que ocupa de Euskal Herria. Hasta antes de verano de 1999, sin precisarlo ahora al detalle en el calendario, sólo había algunas declaraciones individuales y muchas amenazas de tertulianos y otros militantes del Estado pero, en lo esencial, el PP mantenía en secreto su objetivo estratégico. Recordemos, como ejemplo incuestionable, que mucha gente empezó a tener noticias fiables de la estrategia represiva estatal sólo cuando EGIN publicó un documento interno del PP en el que se desarrollaban sus puntos cruciales, y aún y todo así, el PP negó su autenticidad.

      La importancia de este "matiz" --publicitar o no publicitar el objetivo estratégico del Estado de intervenir con todos sus recursos en el aplastamiento de la construcción nacional vasca-- radica en que los efectos varían sustancialmente si se dice públicamente o no porque, en primer lugar, siembra la duda y el temor en los sectores menos concienciados, menos abertzales, más egoístas y más regionalistas que no se habían opuesto al Acuerdo de Lizarra-Garazi, o que incluso lo habían apoyado; en segundo lugar, envalentona al sector españolista e imperialista que estaba a la defensiva, superado por los acontecimientos y necesitado de una demostración de fuerza estatal, del líder carismático y, en tercer lugar, aunque a menor escala, busca romper la euforia del independentismo más folclórico que políticamente formado a la espera de que los golpes represivos y la traición del PNV-EA debiliten su fuerza, unidad y convencimiento. Estas y otras razones redoblan su importancia cuando, como en este caso, lo que está por debajo del contraataque represivo es el hilo azul de la imposición de la identidad españolista contra la identidad vasca. Para acelerar esa imposición es muy importante para la totalidad de las instancias que actúan en los cuatro subsistemas del sistema represivo --control, vigilancia, policía y propaganda-- el que el Estado, o sea, el núcleo estratégico centralizador, anuncie oficialmente los objetivos en función de los cuales tienen que intervenir esos cuatro subsistemas.

      Para comprender la importancia global de lo que supone esa publicitación hay que recordar aquí dos cosas que ya hemos dicho antes y que ahora recobran su valor. Una de ellas es la insistencia que hacemos en el papel de centralizador estratégico del Estado en el sistema represivo y la otra, las relaciones de la identidad nacional vasca con la lucha histórica contra la permanente ocupación española y sus diversas fases evolutivas en la dialéctica de lo viejo, lo permanente y lo nuevo. Si relacionamos más estrechamente ambas cuestiones entre sí y a la vez dentro del problema que ahora tratamos vemos que, en primer lugar, busca que la anunciada derrota irrecuperable de la izquierda abertzale se convierta, de tanto repetirlo con antelación, en una profecía asumida que se cumple a sí misma, de modo que el derrotismo histórico se incube ya desde ahora mismo; en segundo lugar, partiendo de lo anterior, define y designa un objetivo concreto y específico a cada uno de los cuatro subsistemas que le integran --control, vigilancia, manipulación y policía-- como veremos después, en tercer lugar, busca también que los cuatro subsistemas reactiven a la vez el españolismo en sus áreas de influencia. La clave de estos tres puntos radica en el ataque a la identidad vasca.

      Vemos, así, que en el fondo del problema lo que palpita es la conciencia que tenían los poderes fácticos del Estado español desde bastante antes de los cambios introducidos en verano de 1999, de que no sólo no se lograba acabar con la izquierda abertzale, tal cual se lo habían ordenado al PSOE a comienzos del 1980, sino que, encima, la identidad vasca avanzaba lenta pero imparablemente. Se podrá objetar que la evolución electoral introduce algunos puntos débiles en esta tesis pues los bloques político-electorales siguen siendo muy similares a los de finales de la década de 1970. Pero es una objeción que, además de no basarse en un estudio riguroso de dicha evolución electoral, en primer lugar, no tiene en cuenta la diferencia de cualidad que existe entre uno y otro comportamiento, el de votar cada vez que ordenan y el del voluntariado democrático por la identidad vasca; en segundo lugar, tampoco tiene en cuenta la diferencia de tiempo y de ritmo entre ambos problemas y, en tercer lugar, menos aún tiene en cuanta el hecho de que la lucha por la identidad euskaldun contiene desde su elemental contenido democrático una crítica totalmente válida y necesaria de los diferentes entramados político-electorales que en realidad son instrumentos del despedazamiento y opresión nacional contra la que lucha esa identidad. Es decir, la misma objeción forma parte del sistema represivo que nos oprime, lo cual no la anula sino la pone en su lugar correcto. Por ejemplo, recordemos las cada vez más frecuentes amenazas de que el PP podría cuestionar los resultados electorales en Vascongadas si estos no son del agrado de su furor fascista.

      Por tanto, los efectos en el sistema represivo de las causas que propiciaron el fracaso de la represión anterior consisten en la generalización del ataque español a la identidad vasca. Ataque que no se detiene en los aspectos y formas externas de dicha identidad, sino que quiere desarraigarla, es decir, arrancar sus raíces históricas para impedir que siga creciendo. Pero, por dentro de los diferentes ataques analizados, existe un monstruo azul añil que los relaciona y que no se detendrá hasta que haya destruido lo esencial de la identidad y de su proceso de creación-recreación. Y especial importancia tiene, por consiguiente, la estrategia y la táctica de destrucción de la memoria militar de nuestro pueblo. Por tanto, dado que el nuevo sistema represivo ataca a las fuerzas materiales y simbólicas reproductoras de nuestra identidad, por eso mismo sus efectos pretenden ser igualmente estructurales. No se contentan con imponer efectos colaterales y secundarios sobre la identidad, aunque muy duros en cuanto a detenciones, torturas, años de cárcel en terribles condiciones, exiliados y deportados, asesinatos y desapariciones, guerra sucia, etc., sino en ir más allá. Aquí hay que hacer la insistencia en que la represión estrictamente policial puede ser extremadamente brutal y atroz contra un núcleo militante más o menos amplio y con círculos concéntricos de influencia y apoyo, golpearlos sin detenerse en consideraciones humanitarias ni democráticas como ha estado ocurriendo y sigue sucediendo. Es así. Pero, sin negar lo anterior, lo que ahora quiere hacer el Estado es ampliar los objetivos sobre los que golpear físicamente, pero también simbólica e identitariamente.

      O sea, como veremos a continuación, cuando hablamos de efectos estructurales decimos que lo que busca el nuevo sistema represivo es marchitar, secar y defoliar la crecientemente frondosa ramificación en múltiples expresiones concretas de nuestra identidad. No es sólo extirpar las raíces nacionales sino secar y arrasar el tupido bosque de nuestra personalidad colectiva.


      9.- CRITICA DE LAS PRACTICAS DEL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO

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